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01-10-2015 |

Notas y Entrevistas - Literatura infantil

Leer el mundo

No sólo de hadas y monstruos se alimentan los libros para chicos. Los textos informativos copan bibliotecas y librerías. Súper ilustrados, amenos y siempre atractivos, libros sobre el cosmos, el cuerpo humano o los animales apuestan a generar un lector curioso y crítico. Como los libros de ficción, pero de otra manera. Ana Garralón, especialista en Literatura Infantil, propone algunas claves para pensar en ese pequeño y ávido lector que siempre quiere saber más.

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Por Gabriela Baby

 


En el espacio infantil de la librería es necesario tener brújula: las princesas se mezclan con las sagas para adolescentes, los comics están cerca de los libros de ciencia, las antologías de chistes abundan y las novelas románticas acaparan mesas y estantes. En las bibliotecas ocurre algo similar. Y aunque muchos adultos dicen que los chicos no leen, las ventas de Literatura Infantil y Juvenil (LIJ) crecen cada día. En este panorama, los libros informativos, el género de no ficción que apuesta a contar el mundo a los más chicos, va copando estantes y mesas de novedades. Sus títulos y propuestas se multiplican y no reconocen límites temáticos: hay libros informativos sobre temas sociales, históricos, científicos y un gran etcétera que se diversifica en enfoques y modos de contar particulares y creativos.

Ana Garralón es una de las especialistas en lectura infantil y juvenil del momento, que en su libro Leer y saber. Los libros informativos para niños (Editorial Tarambana libros) brinda algunas claves para acceder al vasto mundo de los libros de no ficción para chicos. Y en esta nota con Revista Planetario da algunas pistas para compartir lecturas con quienes empiezan a asomarse a la vasta biblioteca que trata del mundo (y sus alrededores).


En alguna entrada de tu blog sugerís que la narrativa para chicos está en crisis. ¿Qué origen tiene esta crisis y de qué se trata exactamente?

Creo que ha habido un crecimiento muy grande del trabajo de los ilustradores, que han sabido encontrar su lugar en los libros ilustrados. Sin embargo, muchos libros ilustrados han descuidado los textos, bien porque los ilustradores no son tan hábiles con la escritura, bien porque no han encontrado a escritores que puedan acompañarles. La crisis en la ficción ocurre también en los libros para adultos: parece que la novela ha encontrado techo en cuanto a temas y maneras de presentarlos. En la LIJ, además, hay tendencias más experimentales que nadie se atreve a publicar porque los mediadores suelen buscar fórmulas narrativas simples y temas reconocibles.

Junto con esta crisis narrativa, aparece el libro sin texto, de pura ilustración, el libro–álbum ¿tiene algo que ver su irrupción con la crisis de las historias para chicos?

Absolutamente: muchos ilustradores optan por este tipo de libros porque no tienen un texto que les acompañe. Entonces hacen un buen guión y lo ilustran. Me parece interesante esta llegada “a lo grande” de la ilustración: acompaña un tiempo en el que la imagen tiene un lugar preponderante, y además el libro como objeto se reivindica frente a ese discurso que nos alerta diciendo que el libro en papel va a desaparecer.

El libro informativo es algo totalmente diferente. Y requiere un lector diferente. Vos señalás en Leer y saber que hay dos tipos de lectores: el lector pescador que está con la caña esperando el final del libro y el lector cazador que busca en el libro lo que quiere leer.

Utilizo esta expresión para contrastar la lectura placentera con la lectura exploradora. Cuando leemos ficción nos dejamos llevar por la historia, nos creemos lo que nos cuenta y nos relajamos. El lector cazador (en especial el que lee libros informativos) va en busca de la información, selecciona sus libros de otra manera, plantea preguntas antes de abrir el libro, lee de manera crítica e interpela al texto de otra manera. Incluso no sigue el orden del texto, saltea. Es otro tipo de abordaje.

¿Por qué leer o dar de leer libros informativos a los chicos?

Hay muchos motivos para que los chicos lean libros informativos. En primer lugar, el libro informativo permite acceder a la cultura escrita. Porque una cosa es estar alfabetizado y otra, ser un lector competente que comprende los textos, que puede reflexionar sobre los mismos y utiliza recursos propios para transformar la información leída en conocimiento. Leer libros informativos ayuda a conocer el mundo y el lugar que ocupamos en él. Además, con el libro informativo, los niños amplían el uso del lenguaje, acceden a formas diferentes de “contar”, porque los libros informativos argumentan, exponen, comparan, utilizan un lenguaje técnico, a veces sobrio, y gustan de la precisión. Y también desarrollan el pensamiento crítico: a diferencia de la ficción, la información nos permite discutir temas de forma amplia. Además, los libros informativos abren temas, socializan intereses de los chicos, potencian la curiosidad y también permiten el autoaprendizaje.

¿Cómo se lleva el libro informativo con la escuela?

La escuela tiene un currículum que debe atender. El libro informativo se sale muchas veces de ese programa por los temas que plantea y la manera de hacerlo, apela más a la curiosidad espontánea, a los temas que no aparecen en la escuela, a cuestiones de actualidad. Pero también hay libros informativos que amplían lo que se cuenta en la escuela. Por supuesto que en el aula se pueden incorporar estos libros: en la hora del cuento, en la presentación de lecturas sugeridas o, incluso, incluyéndolos en el programa escolar. Cuando digo esto, me refiero a que materias de ciencias incluyan otros materiales diferentes al texto escolar para presentar otros discursos y maneras de construir el conocimiento, y que el libro informativo no esté únicamente relacionado con la asignatura de lengua.

En tu libro decís que el niño necesita información porque hay un mundo que se maneja con la información. Pero también se dice a veces que los chicos de ahora tienen “demasiada información”, que saben de cosas que no deberían saber por su edad. ¿Cómo manejar este equilibrio?

Veo que a los niños se les ocultan determinadas cuestiones que les interesan y no se permite que en la literatura infantil, por ejemplo, aparezcan. Lo único que se consigue con esto es que los chicos no perciben en la literatura cuestiones que les incumben de manera profunda y, cuando son adolescentes, por ejemplo, se lanzan a muchos videojuegos donde la violencia es muy habitual mientras que los adultos miramos para otro lado. También en los cuentos clásicos se censura la violencia, y esto me asombra, porque son cuentos donde estuvo siempre presente, y sin embargo se los deja como cuentos muy planos. Basta con leer la versión original de la Bella Durmiente. En este sentido, me gustaría comentar la experiencia de una mediadora que trabajaba filosofía con niños pequeños a través del álbum ilustrado. Tiene un blog donde cuenta estas experiencias: Filosofía a la de tres. En algún momento, ella (Ellen Duthie) se da cuenta de que no encuentra libros para niños con los que pueda trabajar el tema de la crueldad. Y decide hacer su propio proyecto, Mundo Cruel, que ha sido muy exitoso.

Entonces, ¿hay una edad para determinados temas o depende del tratamiento que se le da?

Yo diría que depende del interés de los chicos: tenemos que hablar con ellos más, saber en qué están pensando, qué les interesa y sobre qué les gustaría conocer más. Si tenemos un libro (o varios) con los que alimentar esa curiosidad, perfecto, porque pronto relacionarán los libros con cuestiones de su vida y acudirán a ellos cada vez que lo necesiten.

¿Pueden los chicos elegir ellos mismos los libros informativos?

¡Claro! Uno de los aprendizajes más fascinantes como lectores es la propia experiencia a la hora de seleccionar. Lo hacemos cada día cuando tenemos que elegir un libro para viajar en vacaciones o consultar datos precisos. Es muy recomendable que los niños se acostumbren a mirar y a ir probando si sus expectativas ante un libro se cumplen o no. Frecuentemente procuramos dar a los niños lo mejor y para ello nos esforzamos en cuidar nuestra selección, pero también ellos tienen que tener la oportunidad de equivocarse o de acertar, de hojear y probar nuevas experiencias lectoras. En lugares como bibliotecas es muy aconsejable que ellos mismos miren en las estanterías y tomen prestados sus libros, no importa el criterio que tengan. Quizás quieren probar con algo nuevo y totalmente diferente a lo que suelen leer. Tanto si les gusta como si no habrá sido una beneficiosa experiencia. Les ayudará a mejorar y afinar sus criterios. Para nosotros, conocer qué leen ellos por su propio interés es también una manera de conocer sus inquietudes.




PLANETA GARRALÓN 
Ana Garralón nació en Madrid en 1965. Es diplomada en Magisterio y comenzó a trabajar en literatura infantil en su propia librería especializada a fines de los ochenta. Después tuvo una beca en la Biblioteca Internacional de Munich que le permitió investigar para el libro Historia portátil de la literatura infantil (2001). Ha escrito para medios de prensa (El País, CLIJ, Platero) y coordinado las páginas de la revista Educación y Biblioteca desde sus inicios hasta el año 2005. Ha colaborado con instituciones como Banco del Libro y Fundalectura. También, con la Secretaría de Educación Pública de México en el Programa Nacional de Lectura que se desarrolló desde el 2000 hasta el 2006. Ha editado varias antologías de verso y prosa y es autora de Cervantes. Guía para jóvenes (2005) y Leer y Saber. Los libros informativos para niños (Editorial Tarambana Libros, España). Actualmente imparte talleres, da conferencias y colabora con editoriales como asesora.

En su blog anatarambana.blogspot.com.ar comenta novedades y reflexiona sobre el campo de producción de la LIJ actual.



 


GARRALÓN DIXIT 
No hay tema que no puedan contar 

“Un libro sobre África, sobre la historia del alfabeto, sobre los dinosaurios, el folclore de un país remoto, los distintos tipos de orejas de los animales, la alimentación de los astronautas en una nave espacial, cómo se vivía en un castillo, cómo funciona una grapadora, un pop-up sobre el cuerpo humano, cómo era un barco pirata, sobre la vida de un artista, un libro sobre cómo respiran las plantas, sobre la historia del tomate, o sobre el ombligo…realmente no hay tema que no pueda ser tratado en un libro para niños. Basta mirar la producción para darnos cuenta de una rica variedad. Por un lado, están los temas que demandan los niños, tales como los animales, las mascotas, la tecnología, los coches, el arte… y por otro lado hay una enorme oferta destinada a despertar la curiosidad por nuevos asuntos. Muchas veces viendo estos libros, los adultos nos preguntamos, ¿por qué nadie hace libros así para nosotros?"

De Leer y Saber, los libros informativos para niños (Editorial Tarambana libros).


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