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01-08-2011 |

Notas y Entrevistas - Musica para chicos

Un día en la ópera

Sin pelucas empolvadas ni miriñaques armados, Juventus Lyrica ha desarrollado un programa dedicado a introducir a los más pequeños al mundo de las sopranos y los barítonos. Y los chicos, invitados de lujo, confirman lo que ya algunos suponían: la ópera no es vetusta, ni aburrida, ni incomprensible. El telón se abre y comienza la función.

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Por Gabriela Baby



Juventus Lyrica es una asociación que se dedica a producir y a promover espectáculos de ópera en Buenos Aires. Fue fundada en 1999 por algunos melómanos, amantes del género, y desde entonces sus temporadas recorren los clásicos -y no tan clásicos- del repertorio operístico. Desde hace dos años, comenzó a funcionar en Juventus una experiencia que finalmente ha tomado cuerpo y constancia en 2011: llevar a los chicos a la ópera.

María Jaunarena, directora ejecutiva de Juventus Lyrica y vestuarista de algunas de las producciones, es la encargada de poner en práctica esta experiencia, que invita a los chicos de escuelas primarias y secundarias –y eventualmente de jardines de infantes- a participar como espectadores de los ensayos generales. “Cuando pusimos en funcionamiento el proyecto, me di cuenta que estaba sumando a los nervios del último ensayo la presencia de un montón de chicos en la platea. ¿Estoy loca?, me pregunté. No, la experiencia es un éxito. Los chicos son un público respetuoso y atento, se fascinan con cada presentación”, afirma Jaunarena.

En las oficinas de Juventus Lyrica, donde una galería de fotos de diversas puestas tienta a salir corriendo a sacar entradas, María cuenta detalles de las visitas de los chicos que –sin galeras ni vestidos de gala- vibran y se asombran frente a obras de un despliegue siempre impactante.

Los chicos a la ópera es un programa que tiene su origen en una pregunta: ¿cómo formar nuevo público? Jaunarena responde: “Desde Juventus notamos que la ópera en Buenos Aires tiene una audiencia muy grande. Pero a la vez, vemos que cuesta renovar el público. Existen barreras para la entrada del público amplio a la ópera. Barreras que no tienen que ver con el tema económico, sino con prejuicios asociados al género, que suponen que la ópera es algo viejo, de los abuelos o de los tíos abuelos, que no puede interesar. Y también este prejuicio está asociado con ciertos valores elitistas, con una cuestión de pertenecer o no, de saber o no comportarse en el teatro, que hacen que muchos se autoexcluyan de la ópera. Y se pierden una expresión artística muy valiosa y muy rica”.


De la escuela al teatro

La invitación para chicos y maestros es gratuita. Para Jaunarena, que los chicos vayan al teatro es un valor agregado. “No es lo mismo llevar espectáculos de ópera a la escuela –que también lo hemos hecho- que llevar a los chicos al teatro”, asegura. Y argumenta: “Para que los chicos tuvieran vinculación con la ópera, que es un arte completo, el arte total como decía Wagner, porque reúne todas las expresiones artísticas en un espectáculo – pintura, música y actuación–, nos dimos cuenta de que teníamos que llevarlos al ámbito del teatro. Porque queremos lograr captar la atención de los chicos desde el espacio escénico. El teatro en sí mismo, y el Teatro Avenida en particular, es una instancia que no debe ser mediatizada por la escuela”.

El Teatro Avenida tiene más de cien años de antigüedad y fue declarado Patrimonio Histórico de la Ciudad. Es un teatro tradicional que, con sus palcos y sus tres pisos de pullman, sus luminarias doradas, y sus butacas y cortinados de pana bordó subraya el poder arrasador de la ópera. “Ocurre a menudo que, después de la función, muchos chicos pidan pasear por los palcos y las tertulias, conocer el teatro”, cuenta Jaunarena.

“Y además, estamos convencidos de que estar en el Teatro hace al ritual de ver ópera: se apagan las luces, tenemos que callarnos todos y se abre el telón. Es decir, hay una serie de reglas de juego en las que todos participamos que hacen a la mística de lo que va a suceder arriba del escenario”.


Grandes espectadores

Quienes organizan cada temporada de ópera apuestan fuertemente al poder de cada espectáculo para atrapar al espectador, no importa la edad que tenga. Por eso no hay para los chicos ni clases previas, ni charlas, ni explicaciones. “Queremos que haya un contacto directo del niño con la obra de arte, que cada chico se enfrente con lo que ve y luego comente lo que le parezca. En realidad, todo lo que el maestro quiera hacer después de la función podrá hacerlo. La ópera se puede trabajar en clases de historia, de teatro, de música, de literatura. Se puede trabajar como material para disparar la expresión en los más chicos. Todo depende de los maestros”.

Lo único que Juventus reparte a los docentes, después de la función, es una carpeta con materiales que cuentan quién es el compositor de la ópera que vieron y en qué momento de la historia compuso esa obra. También, un material general que cuenta qué es un barítono, una soprano, y todas las voces de la lírica y por qué determinadas voces hacen determinados personajes. “En estos materiales se explica además la función de ese señor que está parado delante de la orquesta y mueve los brazos todo el tiempo, porque mucha gente piensa que el director de orquesta es innecesario”, señala Jaunarena.

Junto con estos apuntes sobre el mundo de la ópera, Juventus da al maestro una encuesta para que completen los alumnos: “¿Escuchás música clásica? ¿Habías visto ópera anteriormente? ¿Te interesa la ópera como expresión artística? ¿Volverías a ver ópera?”, son las preguntas. En las respuestas, la mayoría dice que no había escuchado ni visto ópera antes, pero que disfrutaron de la experiencia. “Se entusiasman con el vestuario y la puesta en escena. Les encantan las voces y hacen algunos señalamientos muy importantes para nosotros”, subraya Jaunarena. “Recuerdo que en la ópera Manon Lescaut, el año pasado, los chicos se quejaron porque los intervalos eran demasiado largos, y tenían razón. Esta crítica nos sirvió para corregir algunos problemas técnicos que teníamos con la escenografía y redujimos la cantidad de intervalos. Es decir, artísticamente nos benefició muchísimo la opinión de estos chicos, que no tenían el pudor que puede tener el adulto para decir que el espectáculo estaba lento”.

Si se trata de percepciones, todos los comentarios son valiosos. Pero si se trata de comprender, siempre queda la duda: ¿los chicos entienden el argumento de lo que ven?

“Los chicos entienden lo que pasa en el escenario porque hay un sobre titulado en español: no necesitan conocimiento previo para comprender qué está pasando en escena”, asegura Jaunarena. “Y en experiencias que tuvimos con chicos de jardín de infantes, se enganchan muchísimo con la expresión de los cantantes, con el vestuario y la cuestión más de clown que tiene la ópera. Se abstraen completamente de la letra y pueden disfrutar del espectáculo desde la actuación y desde la música”.


Ópera ATP

Color, expresividad, despliegue escénico, orquesta en todo su esplendor: aburrirse en el gran teatro resulta difícil. Aunque en realidad, no se trata de shows orientados especialmente para edades tempranas, ni desde el punto de vista visual ni desde el punto de vista de los contenidos. Porque bien se sabe que en la ópera abundan los personajes oscuros, a veces demasiado crueles o demasiado amargos, no siempre aptos para todo público.

“Es verdad que hay espectáculos más atractivos para un público infantil. Por ejemplo, De tutto amore una ópera armada con las partes más conocidas de diversas óperas, que además tiene muchos gags, mucho humor”, dice Jaunarena. Contra toda idea de solemnidad, De tutto amore propone un popurrí de secuencias de humor armado con las melodías que los chicos ya conocen: “Porque los grandes difusores de música clásica son los dibujitos animados, Walt Disney y las propagandas de TV”, afirma Jaunarena, al tiempo que agrega: “Y también hay óperas compuestas especialmente para chicos: La flauta mágica, por ejemplo, o Bastián y Bastiana, las dos de Mozart. Y hay óperas que a los chicos les divierten mucho: El barbero de Sevilla o La cenicienta, de Rossini. Otra lindísima para chicos es Amahl y los visitantes de la noche, de Gian Carlo Menotti, que cuenta la historia de los Reyes Magos. Y las operetas, que son divertidas y ágiles, son recomendables para el público infantil. Este año vamos a hacer El murciélago, de Strauss, que es muy divertida y tiene uno de los valses más bailados en fiestas de quince y casamientos”.

En los casos en que la trama de la ópera se torna demasiado complicada, triste o cruel para ser vista por chicos, Juventus Lyrica no abre el ensayo general o se invita solamente a grupos de adolescentes. El resto, es todo para disfrutar: “Para nosotros es una sorpresa ver cómo los chicos hacen silencio, entran en el juego del teatro, se emocionan con lo que pasa en escena y discuten distintos temas cuando van saliendo por los pasillos. Quizá sean ellos los que en un futuro no tan lejano traigan a sus padres a la ópera.”


ALGUNAS GRANDES DUDAS

Además de mover las manos frente a la orquesta, el director musical, ¿qué hace en definitiva?

El director cumple un rol fundamental. En primer lugar, y en muchos casos, (aunque no siempre es así) asume la preparación de la ópera: instruye a los cantantes y a los músicos acerca de cómo interpretar determinados pasajes, si de una manera vigorosa o de una manera dulce, forte o piano, y le imprime de esa manera el carácter a cada fragmento de la obra. Durante los ensayos conjuntos (en los que ensayan juntos los cantantes y la orquesta) y también durante las funciones, su tarea es básicamente una batalla de concertación. El director determina el tiempo o la velocidad a la que se ejecutará cada fragmento. Y hace malabares para que los que están abajo del escenario (la orquesta) vayan al mismo tiempo que los que están arriba (los cantantes y el coro). Gran parte de la tarea del director consiste en seguir a los cantantes. Si un cantante necesita tomar aire o alargar más de la cuenta una nota, el director que está muy atento a estos cambios, tiene que indicar a la orquesta una mínima pausa en la música”.

(Extracto del material que Juventus Lyrica da a los maestros en su visita a la ópera).


ÓPERA PARA TODO EL AÑO
Juventus Lyrica propone:
Agosto-Septiembre: Lucia di Lammermoor de Gaetano Donizetti
Octubre-Noviembre: Die Fledermaus (El Murciélago) de Johann Strauss (h)

Inscripciones en info@juventuslyrica.org.ar

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