Agenda


Hoy, Domingo 25 de Octubre

ver día completo

Separador

01-11-2008 |

Notas y Entrevistas - Literatura infantil

Un género con alas propias

La literatura para chicos ha dejado de ser la hermana menor de la “otra” literatura. Su profesionalización, la revalorización de la figura del autor, con escritores e ilustradores especializados, y la aparición de colecciones y hasta editoriales dedicadas especialmente a los pequeños lectores la transformaron en uno de los motores de la industria editorial de los últimos años.

Comentar

Por Sandra Comino

 

En una época se cuestionaba si la literatura infantil existía. Luego se la trató como un género menor. Pasó por prohibiciones durante la última dictadura militar, cuando se censuraba por cualquier motivo -por ejemplo, por “ilimitada fantasía” como le sucedió al libro La torre de Cubos de Laura Devetach-. Finalmente llegó el boom editorial, en la década del ochenta, y una década después una lluvia de modas temáticas, aunque perduraban las censuras por omisión. La escuela filtraba ciertos temas y se comenzó a publicar por prescripción. En el medio, el resurgimiento de la literatura maravillosa con Harry Potter a la cabeza.

 

Hoy se imprime de todo, los libros salen como pan caliente. Todos (por no decir cualquiera) quieren escribir, editar e ilustrar para niños y jóvenes. En el mercado hay de todo y el problema es nuevo, con tanta oferta ¿qué elegir?


Hay libros de autor, libros ilustrados, libros álbumes y los absolutamente comerciales. El libro álbum -que es diferente al libro ilustrado porque la imagen dialoga con el texto de manera tal que ambos lenguajes conviven y no pueden existir el uno sin el otro- marca un antes y un después en la literatura infantil argentina. No obstante, la calidad del papel y los colores brillantes pueden confundir y “vendernos” por un libro de calidad a uno sencillamente bien editado pero carente de valor literario o estético. Sólo la lectura y el juicio crítico pueden revelar que es el contenido lo que determina la calidad de un libro.

 

 

¿Comercial y/o literario?


Se trate de ficción, información o divulgación, si hacemos un balance hoy existen libros de calidad, bien editados, que permiten pensar y dejan un espacio a la imaginación y a la reflexión.


Sin embargo, no se puede negar la existencia de esta dicotomía entre libros comerciales y libros literarios. Incluso, algunas editoriales financian los libros de autor con las ventas de los libros comerciales.


Para la española Gemma Lluch, la literatura comercial es mediocre y se propaga “entre niños y adolescentes que no tienen acceso al beneficio de la cultura, es decir, entre los hijos de familias que no sólo no leen, sino que creen que invertir en cultura es tirar dinero”.


Lo cierto es que muchos niños se inician en la lectura con libros light o vacíos que para los especialistas no sirven para nada.


Sin dudas, el número de títulos editados en la última década creció de manera notable. Mariana Vera, editora de Sudamericana dice al respecto que en 2006 se publicaban alrededor de 40 títulos de 3000 ejemplares por año. En 2008 el número subió a 70, pero el crecimiento tiene que ver, fundamentalmente, con libros comerciales.


¿El fenómeno? El mercado se instaló sin ayuda mediática. Son pocos los medios que tienen espacios para difundir literatura para chicos, y hay un gran desconocimiento en los suplementos culturales al respecto. El mercado en los últimos años prácticamente está sostenido por la escuela. También hay que destacar el resurgimiento de los Planes de lectura y las compras del estado de ediciones de literatura de autor, así como la presencia del autor en las escuelas estimuladas y financiadas por el mismo Plan.

 


Libros de autor y promotores


Libros de autor se llama a los libros firmados. Pero, aunque parezca obvio, no fue siempre esa la situación en la literatura para chicos.


En los noventa se capitalizó la figura del autor en la escuela, algo que se venía haciendo de manera artesanal en la década del ochenta. Las editoriales comenzaron a invertir en la promoción de sus libros en este ámbito y apareció la figura del promotor como asesor y orientador.

 

La crisis del 2001 no dejó inmune a la literatura infantil. Hay un antes y un después de este trance que, como todas las crisis, dejó algo positivo. En una entrevista, George Steiner dijo: “cuando las cosas van mal, la gente vuelve a la calidad. Sienten un vacío enorme y un ansia de calidad”.


Algunas de las grandes editoriales le sumaron importancia a la presencia del promotor y comenzaron a capacitarlos. Virginia Madero de Editorial Comunicarte afirma: “Eso implica que hay un interés no sólo en las ventas, sino también en dar a conocer el material, que suponen como bueno. Las editoriales deben preocuparse por el rol del promotor/mediador porque eso indica que se preocupan y que procuran la formación de futuros lectores, capaces de discernir un buen libro y capaces de constituir y construir sujetos”.

 

 

Libro álbum y de información


Hasta entonces se habló del boom editorial más importante que surgió en los albores de la democracia, después de la despiadada censura ejercida durante la última dictadura militar. Inmediatamente después del 2001 comenzaron a surgir pequeñas editoriales que se animaron a editar libros que abordaban temas tabúes, libros álbum y libros de información de calidad.


El libro de información o divulgación científica, que no tiene nada de ficción sino que transmite conocimientos, dejó de ser aburrido y estereotipado para convertirse en un libro atractivo para los que optan por él. En este sentido, la editorial Iamiqué marcó (otro) antes y después en la incursión de éste género con libros renovadores y creativos, como Preguntas que ponen los pelos de punta.


En cuanto a la estética de los libros, Ediciones del Eclipse convocó a ilustradores que cambiaron el lenguaje pictórico en Argentina. Fue un camino al que las demás editoriales se sumaron, comenzando a editar libros álbumes, instaurando una competencia e integrando al mercado una nueva posibilidad de lectura: la lectura de la imagen.


Actualmente, el fondo editorial argentino compite de una manera muy digna revalorizando la temática, la escritura y sobre todo la imagen en las ferias del mundo.

 

¿Por qué en épocas de crisis, en pleno comienzo de siglo, hubo un estallido editorial de libro álbum que supone una edición más costosa? Dice Istvanch, ilustrador y director de colección de Del Eclipse: “Desde lo estético, simplemente había un vacío que nadie se animaba a llenar porque no estaba comprobado que al público le gustara. Ergo, es una editorial pequeña la que se anima a probarlo. Los monopolios ven que el nuevo género gusta y lanzan sus colecciones equivalentes”.


Hasta entonces se conocían en Argentina los libros que traía desde México el Fondo de Cultura Económica, pero no se editaba algo así. Ayuda a esta movida estética y comercial, que con la crisis el precio del libro extranjero, equiparado al dólar, lo hizo inabordable.

 

 

¿Hay o no hay boom?


¿Se puede hablar de otro boom editorial en la primera década del nuevo siglo, comparable al de la década del ochenta?


Adela Basch dice: “No creo que pueda hablarse en la actualidad de un boom, ya que desde la década del ‘80 la producción editorial infantil tuvo una continuidad armónica y sostenida, sin quiebres que la interrumpieran. El boom de los ‘80 es inconmensurable en tanto las condiciones sociales que lo contextualizaron son irrepetibles. Existían esquemas rígidos en torno a la literatura dirigida a los niños y a la noción de infancia que debían ser problematizados y trasformados, tarea que se llevó a cabo y que permitió la irrupción de las nuevas generaciones de autores. El conjunto de la industria editorial posdictadura tuvo que romper el silencio y liberar la palabra, reponer un espacio que había sido clausurado. Los nuevos autores tienen la suerte de poder moverse libremente en ese espacio ganado. Es interesante ver cómo la crítica literaria infantil crece día a día –factor esencial para armar un sistema específico– y cómo están surgiendo nuevas alternativas de escritura y de lectura, nuevas miradas e ideas. A diferencia de la década del ‘80, ahora no nos enfrentamos a un silencio por romper, sino a melodías en plena celebración”.


Lo que sí marca, más allá de toda reflexión, una escalada en ventas es la aparición de Harry Potter que reivindica el género literario. Se reedita El señor de los anillos de Tolkien y la saga de Narnia de Lewis, amigo de Tolkien, encontró el terreno fértil para la edición, después que Rowling arrasó con sus historias.


Más tarde, Stephanie Meyer con Crepúsculo, Luna Nueva, Eclipse y, de reciente aparición, Amanecer, despierta una fascinación por el género fantástico, con su novela de vampiros y una historia de amor desopilante. El cine se apropiará de las tres sagas.


De este lado del mundo y de una manera más poética y artesanal, Liliana Bodoc con la saga de los confines también marca una irrupción del género en la literatura infantil y juvenil argentina.

 

 

El mercado manda


Hay editores y escritores como Adela Basch que fueron pioneros y quienes han preparado el terreno para que hoy pueda publicarse de todo. Graciela Montes, Gustavo Roldán, Laura Devetach, son pilares en la producción, ya sea de escritura o como directores de colecciones, de literatura para niños y jóvenes.


Graciela Pérez Aguilar fue editora y escritora del primer boom y es editora y escritora en la actualidad. Ante la pregunta, ¿qué cambios notás en la producción de Literatura Infantil y Juvenil (LIJ) actual con respecto a la anterior?, contesta: “El primer boom, a mediados de los ’80, se caracterizó por varios factores. Aparición de algunas editoriales total o parcialmente dedicadas a la LIJ, promoción de la lectura a cargo de entidades gubernamentales y privadas, surgimiento de gran cantidad de escritores/as, desarrollo de formas editoriales adecuadas a los chicos. Veinte años después, comparando estos factores, observamos que casi todas las editoriales grandes y medianas tienen una sección infantil y que han aparecido muchas editoriales pequeñas dedicadas al tema. La cantidad de títulos publicados por año ha crecido enormemente. La promoción de la lectura ha entrado definitivamente a las escuelas a través de visitas de autores, ferias, talleres, etc. Siguen apareciendo autores/as nuevos/as, aunque no en la proporción anterior. En síntesis, creo que se consolidaron muchos de los avances de los años ‘80 y se estancó un poco la búsqueda de formas editoriales y escrituras nuevas, quizás debido al tipo de demanda predominantemente escolar de estos textos y al poco deseo de las editoriales de correr riesgos”.

 

 

En pleno desarrollo


Más allá del mercado, la edición de libros de poesía y de obras de teatro es otra tendencia de los últimos años. Además la realización de las ferias del libro regionales, donde la presencia de los libros infantiles y juveniles es muy importante, fue instalándose en las diferentes localidades del país. Todas las librerías tienen espacio para los libros para chicos. Y todo el mundo está preocupado por que sus hijos lean.


Otro punto a observar es que autores destacados de literatura infanto-juvenil luego se consagran en la literatura para adultos. Liliana Bodoc, Marcelo Birmajer, Norma Huidobro, Claudia Piñeiro, cada uno en su estilo se mueven en los dos ámbitos.


Que la literatura infantil y juvenil tenga el espacio que tiene se debe fundamentalmente a quienes lo instalaron en la década del ochenta. Hoy podemos hablar de un género afianzado, con alas propias, donde la diversidad, el abanico temático y la presencia de autores, hace que podamos esperar que en los tiempos venideros se sigan editando libros para chicos de calidad.

 

 

Una mirada desde el autor


Entre el autor y el lector, está siempre la industria que debe ocuparse de generar un mercado para ubicar su producción. Sin espacios en los medios masivos para la crítica especializada, la literatura infantil siempre tuvo, en ese sentido, que arreglarse sola. Hoy el mercado existe, pero ese crecimiento tiene también sus costos.


Graciela Falbo, escritora pionera del primer boom que publica en la actualidad, reflexiona:


“Creo que cuando el mercado ve un tipo de producción cultural como rentable, como en este caso la literatura infantil, no se detiene tanto a mirar la calidad del producto como el modo de hacerlo económicamente productivo. –señala- Esto pasa también con la literatura para adultos. La diferencia es que el adulto que lee tiene espacios de crítica para informarse acerca de los libros que luego va a elegir leer. El niño, en ese sentido, es un público más desprotegido, los pocos espacios de crítica funcionan en circuitos reducidos y la mayoría de los padres (que son quienes compran los libros) no están informados. Me parece que eso mismo hace que haya quienes escriben libros para niños con un desconocimiento de la tradición de esta literatura en el país, como si acabaran de descubrir con sus textos esa literatura. Es una pena, porque toda literatura, todo arte, se asienta en una memoria a la que reconoce aún para contradecirla o superarla. Eso es justamente lo que da densidad a la obra literaria”.

Comentar

Compartir

Separador
Separador

Notas relacionadas:

2017-04-01 | Literatura

Los libros tentadores

2007-08-01 | Literatura

Cultura en movimiento

2006-04-01 | Literatura

Cuentos para preguntar(se)

Separador
 
Separador
Separador

© Copyright 2020 Planetario Producciones SRL | Todos los derechos reservados